LA CRISIS DE LA DESENCARNACIÓN
AUTOR:
ERNESTO BOZZANO
PRIMER CASO:
Extraigo este caso
de una obra titulada. “Letters and Tracts on Espiritualism”, (Cartas y tratados sobre el Espiritualismo)
que contiene los artículos y las monografías publicadas por el juez Edmonds, de
1854 a 1874. Se sabe que Edmonds era un notable medium psicógrafo, parlante y
vidente.
Algunos meses
después de la muerte accidental de su compadre, el juez Peckam, a quien él
estimaba mucho, se dio el caso de que Edmonds escribiera un largo mensaje, en
el cual su amigo muerto refería las circunstancias de su muerte. Los pasajes
siguientes están sacados de dicho mensaje: Si hubiese podido escoger la forma
de desencarnar, ciertamente no hubiese escogido la que el destino me impuso.
Aunque ahora en el
presente no me quejo de lo que aconteció, dada la naturaleza maravillosa de la
nueva existencia que se abrió súbitamente delante de mí. En el momento de la
muerte, reviví como en un panorama, los acontecimientos de toda mi existencia. Todas
las escenas, todas las acciones que yo hice pasaron delante de mi vista, como
si se hubiesen grabado en mi mente, en fórmulas luminosas. Ni uno solo de mis
amigos, desde la infancia hasta la muerte, faltó a la llamada.
Cuando me hundí en
el mar, llevando en los brazos a mi mujer, se me aparecieron mi padre y mi
madre, y fue esta última la que me sacó del agua, haciendo muestra de una
energía cuya naturaleza solo ahora comprendo. No recuerdo haber sufrido.
Cuando me sumergí
en las aguas, no experimenté sensación alguna de miedo, ni siquiera de frío o
de asfixia. No me acuerdo de oír el estruendo de las olas quebrando sobre
nuestras cabezas. Me desprendí del cuerpo casi sin darme cuenta y, siempre abrazado
a mi mujer, seguí a mi madre que había venido para acogernos y guiarnos.
El primer sentimiento triste no me asaltó
hasta que no dirigí el pensamiento hacia mi querido hermano, por ello mi madre,
sintiendo mi inquietud, me anunció “Tu hermano tampoco tardará mucho en estar
con nosotros.”
A partir de ese instante toda sensación de
tristeza desapareció de mi espíritu. Pensaba en la escena dramática, que
acababa de vivir, únicamente con el propósito de socorrer a mis compañeros de
desgracia.
De inmediato vi
que estaban saliendo de las aguas del mismo modo que yo lo estaba. Todos los
objetos me parecían tan reales a mí alrededor que, sino hubiese sido por la
presencia de tantas personas que sabía muertas, habría corrido al lado de los
náufragos.
Quise informarte
de todo esto a fin de que puedas transmitir una palabra de consuelo a los que
imaginan que sus seres amados y que desaparecieron conmigo sufrieron agonías
terribles, al verse presas de la muerte. No tengo palabras para describirte la
felicidad que sentí cuando vi llegar a mi encuentro, una a una, las personas
que más amé en la Tierra acudiendo a darme la bienvenida a las esferas
inmortales. No habiendo estado enfermo y no habiendo sufrido, fácil me fue
adaptarme inmediatamente a las nuevas condiciones de existencia...”.-
COMENTARIO DE ERNESTO BOZZANO:
Con esta última
observación el Espíritu alude a una circunstancia que concuerda con las
informaciones acumuladas, obtenidas sobre el mismo asunto, por gran número de
otras entidades mediúmnicas, esto es, que solo en los casos excepcionales de
muertes imprevistas, sin sufrimientos y combinadas con estados serenos del
alma, es posible que el Espíritu atraviese la crisis de la desencarnación sin
tener necesidad de quedar sometido a un período más o menos largo de sueño
reparador.
Al contrario, en
los casos de muerte consecutiva a larga enfermedad, en edad avanzada, o con la
inteligencia absorta en preocupaciones mundanas, u oprimida por el terror a la
muerte, o, incluso firmemente convencido de su aniquilación, los Espíritus estarían
sujetos a un período más o menos largo de inconsciencia. Señalaré que estas
observaciones ya se refieren a uno de esos “detalles secundarios” aludidos al
principio y en los cuales apreciamos desacuerdos aparentes que, en realidad, se
resumen en concordancias reguladas por una ley general, necesariamente
manifestada de forma diferente, según la personalidad de los difuntos y las
diversas condiciones espirituales al desencarnar.
Es necesario
reparar además en el detalle interesante donde el muerto dice haber
experimentado la visión panorámica de todos los acontecimientos de su
existencia en el momento de morir. Se sabe que este fenómeno es familiar a los
psicólogos; por haber sido referido muchas veces por supervivientes de
naufragios. Ahora en el caso relatado por el juez Edmond, como en muchos otros
casos del mismo género, asistimos al hecho importante de que un muerto afirme
haber pasado, a su vez, por la experiencia de visión panorámica, del que tanto
hablan los náufragos salvados de la muerte, esto se vuelve teóricamente
importante, teniendo en cuenta que el juez Edmond no conocía la existencia de
los fenómenos de esta especie, ignorados por los psicólogos de su época.
Él, pues, no
podría haberse sugestionado en ese sentido, lo que constituye una buena prueba
a favor del origen, extraño al medium, del mensaje que se trata. Indicaré
finalmente que, en este episodio ocurrido en los primeros tiempos de las
manifestaciones mediúmnicas, ya se observan muchos detalles fundamentales,
concernientes a los procesos de desencarnación del Espíritu, los cuales serán
después constantemente confirmados, en todas las revelaciones del mismo género.
Así por ejemplo, el detalle de que el espíritu no percibe, o casi no percibe,
que se separase del cuerpo y, todavía menos, que se encontrase en un medio espiritual.
También el otro
detalle de que el Espíritu se encuentra con forma humana y está rodeado de un
medio terrestre, de pensar que se expresa de viva voz como antes, y percibir,
como antes, las palabras de los demás.
Señalemos todavía
otro detalle: el de encontrar, el Espíritu desencarnado, al llegar al umbral de
su nueva existencia, para acogerlo y guiarlo, a otros Espíritus de muertos, que
son generalmente sus parientes más próximos, pero que también pueden ser sus
más queridos amigos, o los “Espíritus-guías”.
Detalle
fundamental también este que, como los otros, será confirmado por todas las
revelaciones trascendentales sucesivas hasta nuestros días, salvo siempre
circunstancias más o menos especiales de muertos moralmente inferiores o
degradados, a los cuales la inexorable “ley de afinidad” (ley físico-química
irresistible en su poder fatal de atracción entre semejantes) prepararía
condiciones de acogida muy diferentes de las que se deparan a los Espíritus
evolucionados

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